Encendiendo una luz sobre los orígenes

“Libre del conflicto de los sentidos, el cuerpo redondeado y flexible se sumió en la cadencia lenta y majestuosa de la danza cósmica.”

Swami Prajnyananda

Photo by: Juan Carlos Castrillon
Ardhanarishwar

Los estudiosos no han llegado a un acuerdo común acerca de los orígenes exactos del Chhow, un nombre genérico atribuido a una familia de tres danzas que tienen una raíz común pero estilos diferentes.  Sin embargo, los especialistas han podido extraer algunas teorías acerca de su origen.

No es simple rastrear el origen basado en datos de un arte o una ciencia india.  No puede ser unidimensional puesto que en esta cultura las realidades humanas y divinas están profundamente entrelazadas.  Encontraremos que la gente acepta lo histórico y lo mitológico conjuntamente como una muestra del nexo entre lo humano y lo divino (Svoboda 37,38). Ante esta visión bifásica, los estudiosos extraen dos fuentes para el nacimiento de esta danza: una fuente marcial y una fuente religiosa. Guruji (mi maestro – Guru – y a quien siempre me debo dirigir con la palabra que denota respeto: ji) tiene una forma muy especial de unir ambas teorias en una historia mitológica.  “En realidad el Chhow comienza a existir desde el tiempo del Mahabhárata..” me dice, “y el gran guerrero Arjuna fue el primer bailarín de Chhow.  Él lo aprendió de Chitrasena, un rey de los Gandharva que le enseñó a cantar y bailar.  También lo aprendió de la danzarina celestial – apsara – Urvashi a quien vio danzar en la corte de su padre, Indra.  Una noche Urvashi se le insinuó a Arjuna quien no tuvo más remedio que recharzarla puesto que la consideraba como su madre.  Ella le puso una maldición en la que lo condenaba a convertirse en eunuco.  Esta maldición tuvo también consecuencias positivas más adelante cuando en el año decimotercero de su exilio los Padavas tuvieron que vivir en el anonimato ocultándose de los Kauravas.  Arjuna se convirtió entonces en un transexual llamado Brihannala quien le enseñaba danza y artes a Uttara, la hija del rey Virata en el reino de Matsya. Siendo un guerrero, Arjuna combinó de forma perfecta el lenguaje marcial y el vigor con la suavidad y la expresión lírica al tener un cuerpo femenino.”

Judith Blank también intuye de forma interesante que los orígenes marciales y religiosos están entrecruzados al decir en su tesis:”Se cree que el Chou se originó a partir de las enseñanzas de Bhairab.  Es una forma de danza ligada al arte de la guerra.  El pueblo Kshatriya lo llevaba a cabo como parte de su entrenamiento para convertirse en guerreros aristocráticos.”  Kala Bhairav es una manifestación del señor Shiva quien a su vez es el rey de la danza en su aspecto como Nataraj, y el señor de las artes marciales y el yoga.  Aquí encontramos nuevamente una conexión inseparable entre las motivaciones humanas y los rituales religiosos y es por esto que la danza Chhow al ser la más alta expresión de la cultura guerrera se practicaba como parte de un voto hacia el dios Bhairav.

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Imagen de Kala Bhairav en Kopan Durbar Square en Kathmandu, Nepal.  Tomado de IndiaDivine.org. No es una coincidencia que Él lleve una espada y un escudo y adopte una de las posiciones más notorias del Chhau de Mayurbhanj: Adda.

Guruji retoma su versión de la historia y encuentra otra conexión entre la danza, la deidad y lo marcial en otro relato del Mahabhárata (Libro 3, Vana Parva): la historia de cuando Arjuna se encamina hacia los himalayas para hacer austeridades y obtener el arma celestial del señor Shiva llamada Pasupatastra. “En su trayecto los otros sabios vieron a este guerrero armado de piel morena vestido con harapos y se sentó en una postura para meditar.  Ellos se sorprendieron y rápidamente se le acercaron para deternerlo diciendo ‘Este no es un lugar para las armas hijo mío.  ¡Este es un lugar para meditar y hacer penitencia! Este es un lugar de paz.  ¡O dejas tus armas, o te vas a otro lugar!’ Arjuna los escuchó, pero no les prestó atención.  Hizo una figura de barro en forma de linga  y se sentó frente a ella en meditación profunda…”

Todas estas referencias anteriores sustentan que hay una presencia inseparable entre la dimension divina y los asuntos humanos (Svoboda 37).  Al mismo tiempo nos recuerdan que  para la cultura india las artes y en particular el  Natya (danza/teatro) tienen un origen divino. No obstante, no aportan luz y claridad acerca de detalles tales como fechas, lugares y fuentes.  Por lo tanto, para tratar de explicar el nacimiento y el proceso de evolución de esta danza, los estudiosos han defendido una de las dos fuentes mencionadas anteriormente.  Un grupo de eruditos que incluye a D.N Pattnaik y a Sri G.C Mohanta,sostiene que este estilo se origina a partir de los movimientos marciales que ejecutaban los ejércitos de nobles conformados por militantes provenientes de las tribus (Biswal 2-5).  El otro grupo argumenta que antes de ser una danza guerrera, durante su desarrollo se llevaba a cabo como un ritual religioso y una práctica de preparación espiritual en honor a las deidades Shiva y Shakti (Biswal 5).

Personalmente sigo tanto la intuición de Judith como la de mi Guru, así como la línea de pensamiento del Dr. Svoboda, que unifican ambas teorias acerca del origen de esta danza.  De hecho, esta cualidad incluyente la ha convertido en una danza marcial ligada a rituales religiosos particulares en lugar de ser sólo una práctica marcial con fines de ataque y defensa.

Bibliografía:

Svoboda, Robert E. Life, Health and Longevity. Bombai: Penguin Books,  1992: 37-39.

Biswal, Kanhu Charan.  An introduction to Chhau Dance of Mayurbhanj.  Orissa: Subra         Pratik Prakashan, 1998: 2-5.

Blank, Judith.  The Story of the Chou Dance of the Former Mayurbhanj State, Orissa.  (A Dissertation in Candidacy for the degree of Doctor of Philosophy).  Illinois: Department of Anthropology, 1973: 102.

http://hindumythologyforgennext.blogspot.com.es/2013/01/arjunaand-pasupatastra.html

Will we ever be accepted?

Could I one day be another one of the boys?

My good friend Nora Lamadrid, a Seraikela Chhau dancer, learning under Guru Shashadhar Acharya, asked a very renown Indian dance critic at a conference held in Gandharva Mahavidyalaya, what our scope as foreigners in the field of classical dance was, and if she could give her any suggestions of how to approach our future here other than just waiting for our reencarnation as Indians.  The answer that she got was something like: “Well, you know, we appreciate your efforts, but please come back in your next life.”

Is this really true? Does only a nationality give true authenticity to the performance of an art? Does the gift of an indian performer lie only in the right size and shape of the eyes? In the straight long, black hair? Can only slim boys from the Mayurbhanj district jump with a certain lightness because of the natural shape of their bodies?  Will we always appear foreign, no matter how much surrender, effort, dedication and love we invest in the art?

Seraikela Chhau Mask

Apparently even if we are victims of circumstance, context, language and several few other limitations, our hearts keep waking up to the beat of the dhol, and we are still the first ones to come to class and the last ones to leave.  We are the ones to ask “annoying” questions, such as “is this hand one inch more to the left, or to the right?” or like “why does Nataraj kill the demon by opening up its guts in the dance, instead of jumping on it, as says the story?” We are the only ones who don’t really feel happy whenever there is chutti (holiday) and we don’t have to come to class.  Drawn by the outer beauty, the jumps, the flare and other attractive props like the mask, or the sword and shield, we came into the dance and before we knew it, it was as if our eyes had been open to a whole new reality, in fact, a whole new responsibility. We became the listeners, the note takers, the recorders, the writers, in the hope of becoming the memory banks of our Gurus. Every disciple needs a Guru, but better yet, every guru needs a disciple.  Like a mirror, we reflect whatever they have taught us and encourage them to polish and groom the final image.  Without the intention of being critical, we question them with our questions, just because we feel the need to understand with words and concepts, or because we can’t help wanting to be perfectionists and for this we need to clarify every single detail, or because someday we wish to be able to have the answers, in case someone else asks. Otherwise, who would be Guruji’s wake up call everyday?

Against the odds, some of us took up this opportunity, adventured into this male oriented dance form and accepted the challenge to play this role: to be the witnesses and the stenographers of the process of our Gurus in the art. So I guess regarding the question of whether we will someday be accepted or recognized in the field of Indian dance, I think that if can achieve to take a place in our Gurus heart, then we have done something worthwhile and surely with his blessing the art will continue to speak for itself, hopefully through us.